VIII

La ética es (el) OTRO llevado a sus últimas consecuencias; la fuente del impulso ético es la existencia estética de alguien otro o algo otro, pero sólo culmina cuando va unida a la necesidad ineludible de ser uno mismo como otro, otra cosa, un otro mismo, otros mismos irreconocibles para sí mismos. Un ser ético es un ser múltiple, disperso, que tiene por única sustancia la RELACIÓN: uno en otros muchos y en mundos sin número; otros muchos en uno, mundos desconocidos que pueblan el alma. No se trata de ponerse en el lugar de otro, en  otro lugar, como si se tratara de algo meramente externo, accidental; la situación, al estar en juego la propia sustancia, exige PONER EL LUGAR DE(L) OTRO EN UNO MISMO, dar cobijo, acoger sin reservas, hospitalidad ofrecida a los seres y al mundo. El refugio es el abandono, es el ser del no ser, nunca esta vacío: o somos lo que no somos, siempre otros, o no somos, siempre iguales, sin cambios aparentes, ni tan sólo llegamos a existir. La primera mirada, el abrir los ojos al mundo, despliega un abanico tan exterior como interior, desdoblamiento de lo propio en lo impropio y lo extraño en acogedor.